Cantar, soñar, volar, el tiempo corre por mis venas. Todo fluye en mi, mi respiración, mis pensamientos. Distante de todo, secándome por dentro. Una sonrisa, un lamento ¿Qué mas da?
De a poco el alma se alumbra escapando de Dios, durmiendo en un rincón.
Como tocas la guitarra, siento el agua caer y de pronto, los sueños desteñir.
Hay tanto por lo que vivir y tan poco para poder despertar.
No quiero otra quietud más que este sueño profundo, donde lo tengo todo, todo, todo y nada.
La muerte se lo lleva todo, todo, todo, pero no hablo de muerte carnal cada vez que digo que muero, muero al destruir, al destruirme, al alcanzar, la abandonar, al llorar, al odiar, al cometer el mismo error, al olvidar. Muero cada segundo para nacer otra vez. Una y otra vez, a cada segundo.
Un piano, sonando al fondo, tu cantas y te plasmo en un dibujo. Me haces caer.
En este segundo, siento el viento, Dios no oye mis súplicas. Estoy sola. No, no, no… no lo estoy… me engaño otra vez. Lo estoy… y la gente hace parecer que no. No sé.
La gente… ellos pasan y no ven.
El brillo del sol, claro, el latir del corazón. Ese escenario me deprime, el show no puede continuar. Me ves desde las butacas, tiemblo y no estás. Tu voz, tu música, tu eres mi melodía. Pero esta mi vida pasa a ser un silencio eterno cuando tu no estás. Cuando no estás y me prometes amarme otra vez…ruegas por tiempo y podría esperarte la vida entera, lo sabes. Mientes para hacerme feliz y no verme sufrir…y cada vez que escucho esa canción, mi alma se parte en mil espejos donde no lo gro verme…